Maig 2026
En El Prat, encontrar aparcamiento se ha convertido en una auténtica odisea para miles de vecinos. No es casualidad. Es la consecuencia directa de años de políticas impulsadas por los comunes Alba Bou y socialistas de Juan Pedro, empeñados en declarar una guerra ideológica al vehículo particular, como si usar coche fuera poco menos que un pecado. Bajo el pretexto del fanatismo climático y la Agenda 2030, han ido eliminando plazas de aparcamiento año tras año, sin ofrecer alternativas reales y viables. Ya lo dijo el anterior alcalde Mijoler: “el futuro del Prat será en bicicleta y transporte público”. La realidad, sin embargo, es muy distinta a la propaganda institucional. Muchos vecinos necesitan el coche para trabajar, para llevar a sus hijos o simplemente para poder organizar su vida diaria con normalidad. No todo el mundo puede depender del transporte público, ni adaptar su vida a los caprichos de un urbanismo diseñado desde el despacho y no desde la calle.
Mientras el Ayuntamiento presume de “pacificar” calles y de reducir espacio al coche, los vecinos dan vueltas interminables para aparcar, pierden tiempo, combustible y paciencia, y sufren una merma evidente en su calidad de vida. Además, esta política también perjudica al comercio local, porque dificulta el acceso de clientes y castiga a quienes aún sostienen la actividad económica del municipio. Defender el sentido común no es ir contra el medio ambiente. Es reconocer que la movilidad debe ser equilibrada, realista y respetuosa con las necesidades de todos. El Prat no necesita más dogmatismo climático. Necesita gestión, planificación y soluciones. Y una de ellas pasa, sin complejos, por dejar de eliminar plazas de aparcamiento.
Rafael Millán Carracedo