Cuando, el diecisiete de enero del año 965, una mano monacal asentaba una escritura de donación -tan frecuente por aquel entonces- a favor del cenobio, estaba abriendo, sin saberlo, el libro de nuestra historia. Martín, fiel cristiano, donaba al monasterio la tierra que poseía en la villa de Álcala -Sant Boi-, cerca de, entre otros estanques, el de Llanera. Aquella parte del Delta, en el apéndice del Llobregat, era, mutatis mutandis, nuestro Prat. Lo recibía la historia con el nombre, adecuado, de Llanera, en latín Lannaria, derivado de lacunaria, tierra de estanques o lagos. Y esto es lo que, en verdad, era en el siglo X: un aluvión continuado e irregular, un terreno aún en formación fecundado por el padre Llobregat, lleno de pequeños estanques y marjales, los lannas de donde tomaba el nombre. Pero ya con casas de campesinos y con una agricultura incipiente en la parte más alejada del mar. Lógicamente hubo de ser antes lugar ramadero, probablemente formando parte de aquellos agri provinciales romanos. Hasta más tarde no iba a llegar la agricultura. Ésta demuestra, en los amaneceres de nuestra historia, cierto vigor. Se conoce de tierras cultivadas, sin que sepamos de qué, la mayor parte de las cuales pasó a las manos poderosas de la Seu de Barcelona o de los monasterios de Sant Cugat y Sant Pere de les Puelles.
Jaume Codina: Delta del Llobregat. La gente de la arcilla (El Prat, 965-1965)
- La primera aparición documental de la ciudad data del año 965.
- Los primeros siglos fueron una dura pugna entre el hombre y un territorio hostil, insalubre y peligroso.
- Las primeras ordenanzas municipales datan de 1689.
- En el año 1724 llega el primer maestro de escuela.
- A finales del siglo XIX se construye el primer puente sobre el Llobregat, llega el ferrocarril y se descubre el agua artesiana.
- A principios del siglo XX llegan las primeras industrias (la Papelera y La Seda) y se construyen los primeros aeródromos.
- Del 1950 al 1975 la población pasa de 10.000 a 50.000 habitantes.